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martes, 4 de febrero de 2014

Traduciendo acordes

No hace falta que lo digas, sé de sobra que ésta sería la canción que me hubieras escrito si tú y yo no hubiéramos sido tú y yo. Y también sé que todavía estás a tiempo de ponerte a escribir.


Parece que pueda oírte decir...

Tú me miras demasiado, como poniéndome una bala entre los ojos, no sé por qué los tienes tan negros, parece que me preguntas y que me dices cosas con solo mirarme. Un día me vas a atravesar.
Me quedo sin duda con tu imagen en la terraza, con tu mirada perdida en el horizonte, sentada de perfil, sin pensar en nada más que en el humo del cigarrillo. Me quedo con tu beso en la frente y aquella última caricia. 
Que te largues, que te arranquen de mi lado, y ojalá me odies, porque si me odias me lo pones más fácil para olvidar. Necesito olvidar. 
Quiero olvidar, quiero olvidar.
Rubia, cuéntales lo que te dí cada noche en los tejados, en los parques, en las carreteras.
Quiero olvidar, quiero olvidar. 
Y no sé si esto es lo que quiero, porque en la vida hay que elegir y no se puede ir a dos sitios a la vez; aunque existan momentos solapados en el tiempo al final solo podemos vivir uno.
Y no sé si lo voy a levantar, pero lo voy a intentar porque esto yo ya lo he vivido antes y no me fue tan mal.
Y no sé si estoy ardiendo, si tu estás igual. Baila conmigo y no te vayas a Madrid. No me sale la voz, y quiero pedirte tiempo para pensarlo todo mejor, quiero dejarte sola para qué me digas qué planes tienes, si tú por tu lado y yo por el mío, si esto lo cortamos aquí, de raíz.
Encajábamos bien, compartimos los secretos como nadie, con puntos fijos de luz en el cielo y algún que otro destello rubio del sol. 
Tú siempre serás la silueta del pecado diseñada para mí, chica léeme los labios: 
QUIERO OLVIDAR, QUIERO OLVIDAR.

Voy a apartarte, lo he decidido, tú y yo no podemos ser amigos si nunca lo fuimos. Hasta aquí, esto es un huracán, un naufragio, algo que retuerce lo de adentro. Haz lo que quieras, yo me voy, yo ya he elegido billete y destino.
Y pararé después de olvidarte, y no sé si llegaré a conseguirlo del todo, por quererlo hacer con las manos que abrieron camino.
Deja que lance un pergamino, una nota, una canción al viento, escúchame cuando te digo que solo quiero que te vaya bien; no quiero amanecer sin atarlo bien.
¿Cómo pude haber sido tan frío?

*

Y aún así te fuiste sin saber si esto era lo que querías.